sábado, 19 de enero de 2008

Tan lejos, tan cerca

Imagen tomada de: http://claraboya.blogia.com/upload/20070103235801-estrellas..jpg

Cuando vi por primera vez a El Neurólogo Catalán, él y yo ya habíamos hablado de sexo. Dado que nos conocimos en un chat gay, ambos estábamos buscando a alguien para un encuentro con fines sexuales. Como ya he contado en otras entregas, primero chateamos, luego me animé a darle mi número de teléfono y pude escuchar su voz por primera vez. Me gustó, tanto su tono de voz como su manera de hablar, de pronunciar. Era el tono de una persona educada. Era demasiado serio, incluso un poco pesado, pero decidí aceptar el reto de un más allá. Más tarde, cuando finalmente nos encontramos en un restaurante, ambos íbamos nerviosos porque sabíamos que nos íbamos a encontrar con alguien con quien teníamos intensiones de irnos a la cama y queríamos gustarle a la otra persona y al mismo tiempo que la otra persona nos gustara. Las expectativas de ese encuentro eran altas, para los dos.
Esa misma tarde que él y yo nos vimos, vinimos a mi casa. En el restaurante nos habíamos tomado una taza de té y habíamos tenido tiempo de platicar y, sobre todo, de vernos, de sentir cuál era la vibra que podía haber entre él y yo.
Arriesgadamente, irresponsablemente o como ustedes quieran llamarlo, me animé a aceptar la propuesta de él para que nos viniéramos a mi casa. Creo que si él no lo propone, yo no lo hubiera hecho, seguramente habría pensado que era demasiado prematuro y que era suficiente con una conversación en un lugar público. Él fue quien insistió y yo me animé a decirle que me siguiera hasta mi casa. Movido por el deseo sexual, por las ganas de transgredir finalmente el gran tabú de ir a la cama con un hombre, de hacer algo que era una decisión absolutamente personal, accedí a que fuéramos a mi casa. En el camino, mientras yo manejaba mi auto y veía por el espejo retrovisor el de él que iba detrás de mí, sentía que el corazón me saltaba. Tenía miedo, excitación, sentía que la cabeza me daba vueltas. ¿Era una buena idea meter a un desconocido a mi casa? Tenía apariencia de gente decente y además estaba casado y con hijos pequeños, por lo que seguramente no le interesaría hacer ningún escándalo después. ¿Se darían cuenta mis vecinos cuando nos vieran llegar? ¿Realmente quería hacerlo? ¿Quería hacerlo con él o simplemente había sido excitante llegar al punto de conocer a alguien que, como yo, quería ocultar sus deseos de los ojos de la gente pero al mismo tiempo experimentarlos, conocerse por dentro?
Con esas preguntas en la cabeza llegamos a la casa y nos sentamos en la sala después de que yo abrí una botella de vino. Recuerdo que yo tenía las manos heladas, el estómago apretado, tenía taquicardia, pero trataba de disimularlo todo. Nos sentamos en un sillón y le dimos un trago a las copas. Él se veía mucho más seguro que yo. A pesar de mis esfuerzos por mostrarme sereno, él se dio cuenta de mi inquietud. Me senté en el mismo sillón que estaba él pero a la distancia acostumbrada en la que un hombre se sienta a conversar con otro. Él me pidió que me acercara, que me sentara al lado de él. Para ese momento me estaba dando cuenta que quien llevaría la batuta de este encuentro sería él, porque yo no ataba ni desataba. Luego me tomó una mano. En ese momento yo sentí algo nuevo. Cuando entrelazamos nuestros dedos una descarga de energía pasó de su cuerpo a mi cuerpo y de regreso a su cuerpo saliendo por la otra mano. Fue una especie de conexión, como si nuestras personas se comunicaran a través de ese mínimo contacto físico. Nunca había sentido algo así, pero lo percibí instantáneamente. Después, él me pidió que le diera un beso. Juntamos nuestros labios por primera vez y yo sentía que el corazón se me iba a salir por la boca. Era una caída al vacío, un despeñarse víctima de mi propia decisión. Lo besé con fuerza y su beso fue exquisito. Sin embargo tuvo también algo de perturbador porque, al juntar mis labios con los suyos sentí el mismo olor que tiene mi papá, el olor de una loción para después de afeitar, el olor de un hombre. Además, sentí y mis labios lo rasposo de su vello facial que le empezaba a aparecer en la zona del bigote. Eran como las siete de la tarde, supongo, y para era hora su barba había crecido algo a pesar de que se afeitaba todos los días meticulosamente.
Unos cuantos besos después, seguramente no habría pasado ni diez minutos, él se levantó, me tomó de la mano y se dirigió hacia el pasillo, buscando mi recámara. Solamente recuerdo que lo seguí y que continuamos besándonos allá. Nos desnudamos, nos acostamos y en ese momento sentí que estaba perdiendo mi virginidad. Yo tenía treinta y cinco años pero era la primera vez que iba a hacer el amor de esa manera, con un hombre. ¿Qué era exactamente lo que haríamos? No tenía la menor idea, pero ver su cuerpo desnudo y verme yo también desnudo junto a él fue equivalente a cruzar el umbral hacia mi bisexualidad y me estaba gustando.
Él me besó mucho y, con una erección firme e insistente, empezó a buscar mi ano para penetrarme. Él estaba muy excitado y quería hacerlo ya. Presionaba su cuerpo contra el mío. En un instante levantó mis piernas y quiso abrir mi ano para introducir su pene. Yo tuve que detenerlo para decirle que se pusiera un condón y le dije que yo nunca había sido penetrado y no sabía si me iba a doler mucho, que lo hiciera con calma. Él accedió, pero no tenía mucha calma que ofrecer. Me lubricó, se puso el condón y otra vez levantó mis piernas. Lo empecé a recibir poco a poco, pero me dolía. Le insistía que lo hiciera despacio y, entre besos, me decía que eso era despacio, que me relajara, que estaba muy rico. Finalmente logró penetrarme, pero yo no podía relajarme mucho. Era demasiado para un solo día. Me dolía. Aguanté un rato, pero no fue mucho.
Después invertimos las posiciones, él se puso boca arriba y yo me senté en él. En esa posición me sentía mucho más cómodo y podía ver cómo él disfrutaba de tener su pene completamente dentro de mí. Puse mis manos en sus pectorales. A pesar de ser un hombre sumamente delgado tenía los pectorales marcados. Eso me encantaba. Trató de masturbarme y lo disfruté, pero me sentía lejos de llegar al orgasmo. Siempre me ha pasado que la primera vez con alguien encuentro dificultades tanto para mantener la erección como para llegar al orgasmo. Me es casi imposible. Él insistió pero después de un rato le dije que no insistiera más, que así estaba bien.
No recuerdo cómo fue que él terminó. De verdad, ahora que estoy haciendo este recuento me doy cuenta que recuerdo muchas cosas pero ese detalle no. Estoy seguro que sí se vino, pero no recuerdo cómo. No sé si fue en esa posición, -creo que sí- o en otra. Tal vez yo estaba de rodillas y él me penetró por atrás. No lo sé, pero él logró terminar. Nos abrazamos después. Estuvimos un buen rato besándonos. Nos bañamos y volvimos a vestirnos. Él no quería dejarme. Me pidió que lo acompañara al hospital, que fuéramos juntos en su coche. Tenía que volver para realizar una ronda de visitas con sus pacientes. Me dijo que esperara en la cafetería. Yo simplemente accedí a todo. Lo esperé en la cafetería mientras recordaba las escenas de hacía apenas unos minutos y todavía en mi cuerpo podía sentir los efectos de esa penetración.
Cuando regresó, comimos algo allí mismo. En nuestras caras se reflejaba la intoxicación que nos había producido nuestro encuentro. Un rato más tarde me llevaba de regreso a mi casa. En el auto yo iba callado, sin saber qué decir. Él me preguntó si me había gustado. Me dijo que a él le había encantado, que se sentía loco. Me dijo que nos viéramos otra vez, otro día. Yo no sabía qué responderle. Me dijo incluso que esto le interesaba como para algo fijo, como para tener una relación de amantes. No utilizó esas palabras pero tampoco recuerdo cuáles fueron. Dijo algo así como que podíamos compartir esto, que sentía que ahí había algo bueno, que los dos estábamos buscando lo mismo y que lo habíamos encontrado. Que él no andaba por ahí, de cama en cama, que quería estar con un hombre y que ese hombre ella yo. Para mí era demasiado, no podía contestar. Ni siquiera podía saber qué era lo que yo quería. En ese momento pensaba que lo que quería ya lo había conseguido, es decir, tener un encuentro sexual completo con un hombre. Ok, misión cumplida, ¿ahora qué? No tenía una propuesta para su proposición.
Llegamos a mi casa y nos despedimos en el auto, según recuerdo. Obviamente íbamos a seguir en contacto. Me dijo que me llamaba al día siguiente. Entré a mi departamento. No encendí las luces, tampoco el televisor ni la radio. Quería estar en silencio y a oscuras. Tampoco quería pensar pero estaba pensando o recordando o imaginando o todo junto. Me acurruqué en la cama y me puse a llorar. Así terminó la primera vez con El Neurólogo Catalán.
La primera vez que me encontré con El Señor de las Imágenes fue en un contexto laboral, en mi oficina. Me habían recomendado contactar con él por su calidad profesional y le había llamado a su casa. Él no estaba así que me contestó la grabadora. Dejé un mensaje. En ese momento no tenía la menor idea de que él no se encontraba en la ciudad, ni en el país, ni el continente. Simplemente no recibí ninguna respuesta en los días siguientes.
Un mes más tarde aproximadamente él se reportó. Le expliqué el propósito de mi llamada y acordamos que vendría a mi oficina a una reunión de trabajo. Cuando llegó, en ese primer momento no me di cuenta de su atractivo físico. Él me recordó después que se sentó a esperar afuera de mi oficina a que yo terminara de hablar por teléfono. Tuvo que esperar bastante porque yo no sabía que era él y que ya había llegado, así que yo hablaba por teléfono sin ninguna prisa. Luego alguien de mi oficina me dijo que me estaban esperando y lo hice pasar. Se sentó y le expliqué nuevamente qué era lo que queríamos. Él traía algunas muestras de su trabajo y me gustó de inmediato. Creo que en ese momento sentí cierta atracción, pero era una atracción divertida, solamente para mí. Le dije que esperara a mi jefa para presentarle lo que él había traído así que salió y se sentó nuevamente donde había estado esperando. Yo tenía que revisar el trabajo de otras personas y para hacerlo tenía que cruzar por enfrente de él. Lo hice varias veces y ahí sentí cierta tensión, no lo sé bien. Tal vez me di cuenta que me miraba cada vez que pasaba. No era nada muy evidente, pero estaba seguro de que había sentido una muy buena vibra con él.
Finalmente mi jefa lo recibió, conversaron largamente y se cayeron bien, así que él tenía que volver en los siguientes días con más muestras de su trabajo. Al despedirse y justo antes de salir, le dije que me encantaría conocer un poco más de su material y él me dijo que, si quería, podía ir un día a su casa y allí me mostraría lo que hacía. Yo le dije que encantado lo haría, que me daría mucho gusto. Segundos antes de cruzar la puerta intercambiamos miradas por última vez y allí fue que yo le lancé una llena de intensión. Fue un segundo, un instante, pero yo sentía que había sembrado la semilla.
En aquella ocasión yo le había dado mi número telefónico de casa y por la noche de ese mismo día, cuando yo estaba cenando, pensé que si me llamaba a la casa la cosa ya estaba hecha, es decir, él había recibido el mensaje y estaba respondiendo. Si no llamaba, entonces el asunto podía quedar en amigos, tal vez un día me invitaría efectivamente a su casa y yo conocería más de su trabajo. Tal vez seríamos buenos cuates y podríamos compartir algunos intereses comunes, todo muy buga. Tal vez incluso no sería nada de eso y a él no le interesara nada, ni siquiera mi amistad, eso también podría estar bien. Sin embargo, esa misma noche sonó mi teléfono. Era él.
Me dijo que llamaba porque se había quedado con ganas de seguir conversando sobre los temas que teníamos en común. Así lo hicimos, pero para cuando la conversación había avanzado ya era obvio que ambos nos sentíamos atraídos, ya no había que disimular mucho. Como en las películas, yo había lanzado el anzuelo y había sido mi día de suerte, había picado.
Acordamos una fecha para reunirnos en su casa. Me dijo que fuera a comer, que prepararía una comida para platicar. Recuerdo que era el año 2000 y estábamos a punto de salir de las vacaciones de diciembre. Yo tenía una semana bastante complicada, con un montón de compromisos, pero hice lugar en la agenda. Quedé de llegar a las tres de la tarde.
Llegó el día acordado y, según yo, traté de apurarme lo más posible para dejar espacio por la tarde porque sabía que no iba a volver a la oficina, sin embargo, inconscientemente creo que hice las cosas más lento, tratando de evitar que llegara la hora acordada. Estaba nervioso. Sabía que habría un encuentro y, si bien yo estaba listo para él, no quería involucrarme sentimentalmente. Había salido dificultosamente de la relación que tuve con el personaje anterior y no quería meterme en rollos sentimentales de nuevo. Esto era buena onda de cuates y un rollo físico, nada más.
Debido a que se me empezó a hacer tarde conforme avanzaba el día, tuve que llamarle para posponer una hora mi llegada a su casa. Me dijo que no había problema, que él estaría allí así que podía esperarme. Pasó esa hora y yo todavía no me había desocupado. Llamé de nuevo para ofrecerle una disculpa y pedirle que me esperara un rato más. Aceptó sin problemas. Después de dos o tres llamadas más finalmente llegué a su casa, nervioso, apenado, emocionado, excitado.
Me recibió atento, amable, tierno, buena persona, pero tenía en el rostro un velo de impenetrabilidad. Yo no podía identificar claramente cuál era el juego que él estaba jugando. ¿Sería que simplemente quería tener un encuentro sexual y ya? ¿se trataba únicamente de una conquista más para él? ¿querría algo más después como sucedió con El Neurólogo Catalán? ¿por qué tan rápidamente estaba yo en su casa invitado a comer y, tal vez, a algo más? ¿tendría algún propósito profesional su invitación? ¿estaría yo malinterpretándolo todo?
Nos sentamos en su comedor y él sirvió la comida: pasta y ensalada. Comimos nerviosos, pero rápidamente la conversación derivó en el asunto de la atracción por otros hombres. Yo le conté mi historia anterior y él escuchó atento. Cuando llegó su turno fue bastante evasivo, dijo cosas como que él sentía que había que ser libre para experimentar, que lo importante era conectarse con gente, sin importar de qué sexo era, pero no abundó en detalles de su vida pasada. Al final me quedó la impresión de que estaba frente a alguien que vivía su vida sin restricciones y que no tenía empacho en irse a la cama con quien se le daba la gana.
No recuerdo bien pero llegó el momento en que nos levantamos de la mesa, nos dimos un abrazo y nos besamos. Fue emocionante y al mismo tiempo inquietante. Yo tenía la sensación de que estaba con un joker, con un niño travieso, con alguien que le gustaba divertirse. Yo también quería divertirme pero el estado impersonal que él proyectaba era mayor al grado que yo estaba proyectando y eso me inquietaba. Nos fuimos a su habitación y nos desnudamos. Él se sacó lo que traía en la parte superior -no recuerdo qué era, si una playera o una camisa, creo que una camisa- y me mostró una enorme cicatriz en el pecho. Puso una cara muy especial que recuerdo claramente como una de las cosas que me conquistaron de él. Por primera vez lo sentí vulnerable, desnudo, mostrándose pero no de una manera agresiva, ni siquiera juguetona. Era una cara como pidiendo aceptación, como mostrando su humanidad tal cual. Eso me encantó. Lo abracé, nos acostamos. Nos besamos mucho y nos acariciamos. Él no hablaba, yo era el único que decía cosas y él simplemente respondía. De pronto empecé a hacerle sexo oral y a masturbarlo. Fue largo rato y de pronto comenzó a hacer señales de que iba a venirse. Yo tenía su pene en la boca y, cuando él ya no podía más, trató de separarse para eyacular. Yo mantuve mi boca con su pene dentro y dejé que se viniera ahí. Fue un acto medio suicida, lo sé. Yo no tenía la menor idea de quién era este tipo, si estaba con alguien más, si andaba de cama en cama. No sabía nada, pero yo estaba también excitado y no me importó. Esa vez yo tampoco pude lograr el orgasmo. Era de nuevo la primera vez con alguien y no podría. No lo conseguí.
Cuando llegué a su casa le había dicho que no iba a poder estar mucho tiempo con él porque tenía un compromiso más tarde y mis amigos me estarían esperando en un lugar para cenar con motivo de la próxima navidad, así que poco después de que terminamos de hacer el amor tuve que vestirme y, dándole miles de explicaciones para que no lo tomara a mal y asegurándole que lo lamentaba muchísimo, me despedí y salí de su casa más o menos rápido, con más de una hora de retraso para mi siguiente cita. Él me acompañó al auto, fue amable y se despidió de mí como se despide un compadre, pero en sus ojos había un brillo de complicidad, un gusto, una cosa encendida. Su mirada era distinta a la que tenía cuando me abrió la puerta de su casa. Esa tarde habíamos hecho el amor y nos había gustado mucho, había sido divertido, había que repetirlo ¿no? Era eso, un encuentro que había salido bien y podía ser buena idea tener una segunda sesión, una con más calma.
Me fui de ahí pensando en él y en el par de horas que habíamos estado juntos. Pensaba que iba directo a ver a mis amigos y trataba de concentrarme en las estrategias que tendría que poner en marcha para que no se me notara nada. ¿Qué diría? ¿qué explicación daría por llegar tan tarde? ¿Tenía cara de haber hecho el amor?
A diferencia de mi experiencia anterior en esta primera vez con El Señor de las Imágenes yo fui el que llevó un papel más activo en el encuentro. En vez de dejarme llevar, yo llevé y me dejaron hacer. Hubo mucha emoción pero no el arrebato aquel de meses atrás. Durante el sexo yo busqué sus manos para entrelazarlas con las mías pensando en que iba a sentir lo mismo que había sentido con mi relación anterior. No fue así, no sentí esa comunicación, esa energía corriendo desde la palma de su mano y atravesando mi cuerpo para salir por la otra palma de mis manos hacia su cuerpo. No hubo eso, pero en esta ocasión estaba listo para repetirlo. No hubo tristezas postcoitales, ni ganas de aislarme, ni necesidad de estar a oscuras. No hubo lágrimas, tampoco dudas de lo que estaba haciendo, yo estaba entonces en otro lugar.
Cuando llegué a casa me sentía contento. Me acosté en la cama mirando hacia el techo, pero en realidad no estaba mirando hacia afuera, sino hacia adentro de mi cuerpo de mi corazón y de mi cabeza. Veía estrellas y yo estaba en medio de ellas.

martes, 8 de enero de 2008

Mis amigas y sus obsesiones


Ayer por la tarde comí con dos amigas que no viven en esta ciudad y que muy difícilmente tenemos oportunidad en el año para vernos. Las dos son menores que yo, una de ellas tiene algo así como 40 años y la otra 31. Ambas están casadas, la primera ya está separada de su marido y la segunda vive feliz con su pareja. La comida estuvo muy entretenida y lo que iba a ser un encuentro de un par de horas en un restaurante, derivó en una borrachera hasta las cinco de la mañana en mi casa.
El encuentro inició con las actualizaciones de rigor. Trabajos, parejas, amigos en común, salud, proyectos... Pronto derivó a cosas menos concretas como los miedos, las inseguridades, los deseos, las ansiedades, los mitos en las relaciones de pareja. Salimos del restaurante después de cuatro horas de risas y confesiones y, luego de un frustrado intento de tomar un trago en otra parte, terminamos en mi casa brindando con vodka tonic y, claro, hablando de sexo. La velada se convirtió en una larga sesión de chistes, confesiones, discusiones, azotes y liberaciones en torno al tema de las parejas, la cama y sus alternativas. El recuento de ese intercambio de ayer es el motivo de esta entrega.
La mayor de mis amigas es una mujer muy experimentada en lo sexual. Ha tenido muchas parejas, ha vivido con algunas, ha sido infiel y es bastante abierta en el tema. La segunda, la más joven, es mucho más conservadora y, dado que vive en un ambiente muy conservador, le resulta imposible hablar de muchas cosas relacionadas con lo sexual entre sus amistades. Anoche ésta estaba fascinada con la posibilidad de hablar de sexo, explícita, abierta y honestamente, al tiempo que los efectos del vodka se manifestaban en el ánimo de los tres y le daban calor y relajación a la charla.
Supe algunas cosas de mis amigas. Por ejemplo, que la mayor se excita cuando ve una escena porno protagonizada por dos mujeres; que perdió la virginidad a los 16 años con un novio que vendía pan Bimbo en un camión repartidor; que veinte años más tarde se lo volvió a encontrar, en otra ciudad y se lo volvió a coger; que algún día se quiere tirar a un negro que tenga una gran verga; que se coge a un vecino cuando su novio no la visita; que lo que más le gusta de su novio actual es que no le tiene asco a nada; que no tiene un vibrador pero que su novio piensa regalarle uno; que en su opinión, los españoles cogen pésimo porque tienden a ser tan entretenidos y creativos en la cama como los conejitos de Energizer.
De la otra me enteré que solamente ha tenido dos hombres en su vida, un novio y su actual marido; que alcanza el orgasmo con una facilidad que deja sorprendido a su esposo; que se manda mensajes calientes y clandestinos con su novio anterior; que tiene un novio virtual que conoció a través del Internet desde 1996 y que de entonces a la esta fecha mantienen una amorosa, profunda y platónica relación de amantes; que ambos se casaron en el transcurso de esa relación con parejas en sus respectivos países pero que tienen sexo telefónico o virtual esporádicamente; que su esposo es muy tierno, pero que extraña a su anterior novio que era un macho dominante, impositivo que la intimidaba terriblemente y con quien tuvo una larga relación que estuvo basada fundamentalmente en un sexo fantástico, ilimitado, desaforado y casi extremo; y que le da vergüenza o siente cierta desventaja porque a su edad ha tenido únicamente dos parejas.
La primera está viviendo un proceso de separación doloroso de un hombre que dejó de amarla de pronto. Tiene ahora un novio que sería el sueño dorado de muchas, pero siente reticencia a imaginarse viviendo feliz a su lado y cree que pronto volverá a México, soltera. Le gustaría tener un hijo pero piensa que lo más probable es que lo haga sola. Después de muchos años de intentarlo en otras circunstancias, ahora cree que vivir el cuento de hadas de tener una familia con un marido y unos hijos lindos es una reverenda mamada.
La segunda, en cambio, sigue enamorada de su marido, pero, en sus propias palabras, "she needs another dick" y pensó que volver a acostarse con su anterior novio era una opción para satisfacer su necesidad. Después de muchas operaciones por un complicado estado de salud, le dijeron que era prácticamente imposible que tuviera hijos porque un embarazo en sus condiciones sería de altísimo riesgo. Ella sufre por eso porque no concibe su vida futura sin tener descendencia. Me confesó que siempre ha sentido atracción por mí, pero que acostarse conmigo sería romper un lazo de hermandad equivalente casi a un incesto. Nunca me preguntó si a mí me gustaría acostarme con ella.
Hacia el final de la velada la mayor se conectó al internet con mi computadora y, utilizando mi crédito de Skype, llamó a su pareja al otro lado del Atlántico para decirle que lo extrañaba. La menor se fue a dormir absolutamente alcoholizada y al día siguiente recibió una llamada de su primer novio, el macho dominante y se puso de acuerdo para encontrarse después de tres años de no tener contacto.
De mi se enteraron poco, básicamente por dos razones. La primera, porque no preguntaron mucho, estaban más interesadas en hablar, en contar y en obtener opiniones en torno a sus atribuladas vidas. La segunda, porque lo poco que preguntaron fue contestado con evasivas. Yo no tengo la costumbre de andar ventilando mi vida sexual por ahí con mis amigas, para eso tengo este blog, faltaba más.

sábado, 5 de enero de 2008

La petite mort

Recuentos


Imagen tomada de: http://ellesirg.files.wordpress.com/2007/06/retrovisor1.jpg

Una vez ido el 2007, pienso en él como un año muy malo para mí. Después de conversar con algunas personas creo que fue malo también para ellas. No para todos, lo sé. Aquí haré algún recuento básico de lo que puedo recordar que caracterizó el año pasado en lo que respecta al tema que ocupa a este blog.
El 2007 empezó con una gran fiesta que organicé junto con una amiga en casa. Digo gran fiesta porque, a pesar de que no éramos muchos -unos ocho- sí fue un gran esfuerzo porque nos pusimos a cocinar desde temprano e hicimos no sé cuántas cosas de comida. En resumen, recibí el año con una gran fiesta entre amigos, bailando y riéndonos hasta más allá de las cinco de la mañana. Nada de sexo esa noche, pero estaba contento.
A principios del 2007 una amiga se fue a vivir al extranjero, con su pareja, con quien estaba a punto de casarse. Para despedirse, nos fuimos a tomar unos tragos y, una vez que le hicieron efecto, nos fuimos a mi casa e hicimos el amor. Mal, como siempre, pero digamos que nos la debíamos y que era seguro que así nos despediríamos. Me pregunto qué estaría haciendo el futuro marido, allá en el otro país, mientras esperaba que llegara su "esposa to be" ¿le habrán dado también su despedida?
Las cosas con El Señor de las Imágenes siguieron muy bien, llenas de afecto, de expresiones de cariño, de buscar momentos para estar juntos, etcétera, pero, gracias a este blog que también empecé el año pasado, comencé a darme cuenta de que hay cosas que no me gustan, que me gustaría reavivar la pasión, incluso empecé a sentir la falta de convivencia con una mujer, pues pasaron muchos meses en los que yo nomás tuve sexo con él.
A lo largo de este año, esporádicamente, se apareció La Flaca en mi vida y en mi cama, como para echarnos el acostón que cada tanto tiempo repetimos. No estuvo mal, pero tampoco de lo mejor.
Este año 2007 también tuve una visita inesperada, de La Azotada Europea, por un problema familiar. Pasó únicamente una noche en casa pero eso bastó para que después me hiciera el comentario-reclamación de que no le había tirado la onda ese día, que esperaba que yo lo hiciera. No las entiendo. Venía por un problema grande y serio, tiene a su marido en Europa, a su amante también y de todos modos quería sexo conmigo en esas circunstancias. Increíble. Yo no hubiera podido de haber estado en su lugar, creo. A veces los cambios de escenarios liberan la libido. Eso es algo que ya he escrito por acá.
Hubo un intento de otros amigos de presentarme a una chica muy jovencita, que no me gustó realmente mayor cosa y que no fructificó. La cosa quedó hasta ahí, por ahora.
Hacia finales de este año las emociones en torno a mi sexualidad se hicieron más presentes. Me enteré por La Mujer del Bosque que La Internauta Italiana le comentó a El Diplomático Oriental que yo tenía una relación con El Señor de las Imágenes. Eso hace que casi se me saliera el corazón. Cuando lo comenté con El Señor de las Imágenes entramos los dos en un estado mala onda, muy molestos y terminamos alejándonos un poco de La Mujer del Bosque, quien está pagando por nuestro malestar anímico. Uno de los costos que tuvo esa declaración fue que yo ya no puedo pensar eróticamente en La Internauta Italiana porque me viene a la mente su comentario y ahora la odio por eso. Al parecer, entonces, El Diplomático Oriental, uno de mis más queridos amigos, sabe mi rollo y, según supe, está molesto conmigo porque yo no le he contado directamente.
Días después me acosté con La Flaca y en algún momento empecé a sentir que podría tener sentido que tuviéramos una relación de "mantenimiento" mientras ambos conseguíamos pareja por otro lado. Fue una idea que me atravesó la mente pero que se estacionó por unos momentos y empecé a darle vueltas al asunto.
En tanto, el 2007 fue también el año en que apareció nuevamente Audrey y nuevamente empezamos el juego de seducción, conversando por mail, por teléfono, viéndonos para tomar café por las tardes, inventándonos cosas que sería bueno compartir. Para después de unas cuantas salidas, todo de gente muy decente, yo ya estaba listo para hacer el amor de nuevo con ella. En realidad estaba listo desde hacía tiempo, pero ahora sentía que ya no podía esperar más. Avanzamos las cosas y una vez me invitó a comer a su casa. Yo me porté como el provocador que soy y no le insinué nada, simplemente estuve correcto y encantador. Otro día cenamos en un lugar que nos gusta mucho a los dos. Al día siguiente ella tuvo un problema serio y yo estuve ahí para ayudarla, porque me llamó por teléfono para que fuera en su rescate. Pensé, ahora sí, esta noche, pero no fue posible. Se postergó hasta tres días más tarde cuando, después de una excursión al centro del DF acabamos besándonos en plena calle y a la vista de todos. Pasamos la noche juntos y estuvo maravilloso. Tanto, que el neurótico que traigo dentro empezó a sentirse genuinamente sacado de onda respecto a este momento de felicidad en una de las circunstancias más raras: ella estuvo todo este año en un proceso de tratamiento de su fertilidad para embarazarse por inseminación artificial. No ha podido terminarlo exitosamente hasta el momento y el 2008 será el año de intentarlo mediante la técnica de in vitro. En tanto, en la noche que pasamos juntos y al día siguiente que nos despertamos, yo hice el amor con estricto uso del condón. Lo disfruté como pocas cosas he disfrutado en el 2007 y como siempre he disfrutado del sexo con Audrey, que es una de las personas con quien ese tema resulta siempre a la perfección.
Me faltaba comentar que este año que ha muerto fue el que volví a ver a Mi Francesa Preferida, de quien he comentado en entradas anteriores. La volví a ver y me volvió a gustar tanto como siempre, volví a sentir húmedas las manos del sudor y volví a sentir palpitaciones cuando me la encontré. Hice lo posible para organizar encuentros para conversar. Así sucedió una vez, cuando conocí su nueva casa y salimos por un café. Realmente me gusta esa mujer, es linda, es inteligente, es algo así como todo lo que yo quisiera en alguien. El único problema es que parece que no le intereso prácticamente nada en el tema pareja porque, después de esa salida, yo la invité nuevamente para que hiciéramos algo juntos, no sé, el cine o algo así y me mandó un mail diciéndome que no tenía tiempo porque estaba ocupada, ocupadísima y que no le sería posible distraerse más porque su meta era terminar unos compromisos profesionales a la brevedad. Mensaje recibido: se acabó la historia con la francesa. Lo malo es que nunca me la cogí, y ésa era también una de mis ideas, lo lamento.
La sorpresa del año: encontarme primero a la familia de El Neurólogo Catalán. Casi me da un brinco el corazón, cuando encontré a sus dos hijos, que no conocía, y a su esposa -supongo que era su esposa, ¡qué fea!- con un cartel con su nombre apoyándolo en una carrera atlética. Los vigilé durante una hora para ver si yo también podía verlo, aunque fuera de lejos. No sucedió así y yo salí de ahí pensando en él. Fuera del estadio, hacia la sección de registro de corredores, lo vi. Estaba parece un poco más gordito. Lo vi incluso un poco más chaparro, pero era él, estoy seguro. Era de noche y no se distinguía bien todo, pero sí, era él. Pasé a unos metros de distancia. No sé si él no me vio o sí y se hizo el ciego, lo cierto es que yo lo dejé pasar. Yo iba con alguien de mi familia, pero incluso nada hubiera pasado. Pero no me atreví, lo vi pasar únicamente. Después de eso, me quedé como en blanco. Me costaba mucho responder a cualquier pregunta, estaba en la luna, pero no por la nostalgia de los buenos momentos con él, sino por el hecho de que no me atreví a abordarlo.
Por último, Leo, el amante telefónico anda desaparecido. He llamado a su número, la única forma de contacto que tengo con él y contesta una grabadora con una voz de mujer. ¿Se habrá mudado de casa? ¿estará viviendo con otra persona? ¿Se habrá casado? No me parece que eso pudiera ser cierto, se "oía" bastante gay, eso era justo lo que no me gustaba de él. La cosa es que, después de no sé cuántos intentos de llamadas, no he tenido la suerte de encontrármelo y tampoco él ha llamado. Buuuu y yo que quería que estas vacaciones fueran la fecha de nuestro encuentro personal por primera vez en nuestra historia. Ya no fue así en el 2007 ¿será en el 2008?
Acá estoy, a la vuelta de todas esas peripecias, pensando en mi futuro, disfrutando la soledad y al mismo tiempo queriendo tener más compañía, más sexo, mejor.
Lo mejor en el 2008 para todos quienes han leído alguna vez este blog.

domingo, 30 de diciembre de 2007

En oferta


Imagen tomada de: http://www.mundochica.com/imagenes/Septiembre/copas-vino.jpg

Temporada navideña o vacaciones o la acostumbrada solitude decembrina o algo peor, quizá una necesidad de volver a sentir mujeres o de volverme a sentir entre mujeres, para sentirme masculino de nuevo, para ser el único con pene en la cama. Lo cierto es que de pronto necesito heterosex y este fue el caso en estos días. Audrey revisitada y La Flaca también. ¿Qué poca, no? dirían los que me conocen. La verdad es que sí, que tengo poca y estoy en plan de que me vale todo.
Siempre he pensado que esto de probar con hombres es algo pasajero. Pero bien me lo dijo La Mujer del Bosque un día, la mala suerte fue que me topé con la mejor persona que podía encontrar. La peor persona para dejar, para escapar de él.
Lo extraño, lo sé. Volverá, volveremos a estar juntos, pero ahora disfruto las noches entre mujeres, mintiendo allí, disimulando allá y contando medias historias por todas partes. No me importa. Hoy soy uno de esos hombres que disfrutan de coleccionar historias de cama.
Anoche, mientras La Flaca aprovechaba su estado etílico para montarse en mí, yo me desdoblaba en el pensamiento y me veía allí como si estuviera fuera de mí, mirando desde arriba, observando a un hombre de más de cuarenta y una mujer más o menos de la misma edad dándose un gusto simplemente por hacerlo. Hacer volar la noche sin límites y disfrutar de una velada en donde sabes que te vas a emborrachar, sabes que te lo van a pedir y sabes que lo vas a dar. Eso sí, cero besos. Forma parte de mis irreductibles y caracterizan mi hijaputez con la susodicha. A momentos es triste, es sórdido es patético, pero lo disfruté, no puedo negarlo.
Claro que disfruté más aquella noche con Audry, hace unos días. Pero yo me sentía raro en aquella ocasión o la rareza me alcazó a mitad del encuentro. No sé qué fue lo que pasó. Quería estar con ella y me empezó a gustar mucho hacer el amor pero de pronto lo único que quería era acariciarla, hacerle sexo oral, disfrutar su olor, sus besos. Yo cantaba, mientras tanto: nada sabe tan dulce como su boca/ tan solo alguna cosa que no se nombra.
Me sentí solo allí con Audrey, me sentí como perdiendo frente a mis sentimientos, considerando la posibilidad de una vida juntos. Ella se dio cuenta de mi vulnerabilidad y me preguntó, pero yo no respondí, pero casi podía leerme, fui obvio. Demasiada ternura simpre termina en suspicacias. Luego ella lloró y eso me empezó a dar un poco de flojera. Dormimos muy abrazados. Yo la tenía toda rodeada. Por alguna razón mi boca estaba llena de pavor esa noche. Dormí mal. Pensaba en El Señor de las Imágenes pero trataba de borrarlo de mi mente para disfrutar el momento. Estaba totalmente consciente. También estaba demasiado consciente de mi cuerpo y mi pene se encargó de recordármelo. Ayer no. Estaba borracho, había fumado. No, no había fumado, fumé después, algo así. Hoy por la mañana seguía con ganas de tener el mejor sexo impersonal que puedo tener, el que tengo con La Flaca.
Me siento hoy como el personaje de Judy Dench en Escándalo. Cínico y divertido, escribiendo un diario inmoral.
Pero debo aceptarlo, lo extraño.

sábado, 29 de diciembre de 2007

Faudra que tu me reves

Esta canción me encanta. El video también. Acá la pongo porque quiero compartirla.



Artist: Maïdi Roth

Album: Horizon Vertical
Year: 2005
Title: Faudra Que Tu Me Rêves

Faudra que tu me rêves
Une eternelle envie
Je te parle en amie
Qui sait si dans une autre vie
Peut-être que si

Faudra qu'on s'abandonne
mon amour impossible
De ma bouche tu sors
Et je te glisse

Dans la nuit qui s'étonne d'en finir
Faudra que l'on se rêve
Paradise moi en silence
Imagine tout ce qu'on aurait pu faire

Accroche-moi l'été en décembre
Quelque part entre nous et nowhere
Tu es ma haine, mon absence
Imagine tout ce qu'on aurait pu faire

Décroche-moi de toi sans attendre
Un autre vent se lève

Faudra que tu me rêves
Faudra que je me tire
Plus vite que ton ombre
On sera les fantômes
De nous-même
Effacés du futur à l'instant

Faudra que tu me rêves
Où il fait bon mourrir
sur un champ de bataille
dans ton lit
Je serai l'ennui mortel de ta vie.

Faudra que l'on se rêve
Paradise-moi en silence
Imagine tout ce qu'on aurait pu faire
Accroche-moi l'été en décembre
Quelque part entre nous et nowhere

Tu es ma haine, mon absence
Imagine tout ce qu'on aurait pu faire
Décroche-moi de toi sans attendre
Un autre vent se lève
Paradise-moi en silence
Faudra que l'on se rêve

Faudra que tu me rêves
Qui sait si dans une autre vie
Peut-être que si

Faudra que l'on se rêve

(Merci à Justine pour cettes paroles)
[Faudra Que Tu Me Rêves Lyrics on
http://www.lyricsmania.com/

jueves, 8 de noviembre de 2007

La espera

Imagen tomada de: http://www.zonalibre.org/blog/itaca/archives/reloj_arena1.jpg

Hay algo en el juego de seducción que me atrae con un magnetismo especial. Es la espera. Lo he mencionado aquí antes, cierto. La tensión entre dos que surge cuando ambos quieren lo mismo pero ninguno de los dos se atreve. Yo sé lo que ella quiere -¿lo sé?- y sé que ella sabe que yo lo sé. Ella sabe lo que yo quiero y yo sé que ella sabe lo que yo quiero. Pero esperamos. Posmonemos los encuentros y alargamos la espera. A veces puede resultar un juego peligroso porque en realidad tal vez ninguno de los dos sepa exactamente qué terreno está pisando en esta nueva reunión con Audrey.
Ambos estamos mucho más allá en nuestra vida de lo que estábamos hace tiempo, cuando estuvimos juntos. Creo en realidad que ella está mucho más allá y yo no tanto. Sin embargo, estamos juntos de nuevo, medio inventando planes, medio expresándonos afecto, medio aceptando las demostraciones de afecto.
También creo que todo esto es un juego de poder. A ver quién es el que da el primer paso y se rinde. Quién es el que abre el juego de cartas y habla claramente.
Quisiera irme a la cama con ella. Eso es un hecho. Ohhh, sí, claro que quiero irme a la cama con ella de nuevo. Hace mucho, mucho tiempo que no estoy con una mujer y no quisiera que pasara más tiempo. Pero además, ella me encanta, me gusta mucho el sexo con ella... por peligroso, por costoso, no lo sé, pero el sexo con ella es algo que luego pago caro.
Aquí el problema son sus procesos para aquello del embarazo. Inseminación artificial, inseminación in vitro, etcétera. Ella tratando de quedar en cinta y yo, obviamente trataría que no estar involucrado en ese proceso. ¿Es raro, no? Pensar en que podría irme a la cama con alguien que está buscando embarazarse a partir de un banco de semen y yo tratando de que no se me escape ninguno de mis soldaditos para que ella no quede embarazada.
¿Realmente se dará algún encuentro sexual entre ella y yo en esas circunstancias?
Todo está por verse.
En tanto, la espera continúa.

martes, 6 de noviembre de 2007

Una relación pornográfica


Imagen tomada de: http://blog.daum.net/_blog/
Es el título de una película francesa que he visto como tres veces y que tiene un misterioso atractivo para mí. Hace unos días estaba explicándole a una amiga la razón por la que me llamaba tanto la atención esta cinta y creo que en realidad son varias las razones. Obviamente, en esta explicación, se asoman rasgos de mi personalidad en la dimensión sexual que muestran un poco de mi perfil íntimo.
La película tiene una trama más o menos simple: una mujer francesa pone un anuncio en una revista solicitando algún interesado para que ella pueda llevar a cabo una fantasía sexual específica. Un hombre español contesta su anuncio y se conocen en un café. Se van a un hotel, cierran la puerta y no se sabe qué hacen. Se despiden pero acuerdan verse de nuevo. Eso se convierte en una especie de rutina que les lleva -imperceptiblemente para ellos, evidentemente para el espectador- a desarrollar ciertos sentimientos que, por un juego de equivocaciones, no podrán llevarlos al siguiente nivel.
Utilizando dos planos temporales, uno son entrevistas por separado tanto a ella como a él sobre cómo resultó su experiencia en lo sexual y en lo emotivo, y el otro son flashbacks que muestran las escenas del encuentro y sus detalles, la cinta aborda el tema de la pulsión sexual, de la necesidad de experimentación, de las decisiones adultas, de la dificultad para identificar la transición de la atracción sexual a la atracción sentimental y, por supuesto, las trampas comunicativas en las parejas.
La cinta me encanta por varias razones. La primera porque habla de una sexualidad adulta y civilizada, donde las cosas se realizan de común acuerdo pero abiertamente, por el gusto de experimentar. Segundo, porque mantiene elegantemente en secreto la fantasía sexual que ella deseaba realizar y que llevó a cabo con el español, de esa manera uno puede pensar lo que sea, lo que su imaginación pueda darle. Tercero, porque plantea una relación que surge de un impersonal encuentro sexual que vuelve personal una relación de adultos y a la que ellos van acercándose con sigilo, miedo y al mismo tiempo disfrutando el proceso. Cuarto, porque hay un punto de quiebre en la comunicación entre ellos que hace que las cosas cambien de maneras que ellos no se esperaban. El lenguaje verbal les juega una mala pasado, lo mismo que la comunicación no verbal. Por último, la quinta razón, es porque finalmente esta historia triste es narrada por los entrevistados de una forma positiva, es decir, no lo ven como una tragedia, sino como un pasaje en sus vidas y ese contraste entre nuestra visión como expectadores y la de ellos como protagonistas hace que la historia sea más profunda.
En fin, lo cierto es que es una recomendable cinta francesa que se llamó acá Una relación íntima.

martes, 23 de octubre de 2007

Reunión cumpleañera


Bien, ya cumplí 43 años... y todo sereno.
Hice una reunión familiar a la que invité a algunos amigos. La pasé muy bien, muy contento, sin embargo, no dejó de llamarme la atención la conexión que tengo con cada uno de los amigos a los que invité y, dado que es rara, más rara se veía que yo se los presentara a mi familia. Me voy a ir explicando por partes para tratar de ser claro.
La primera invitada fue La Flaca, a quien le comenté sobre la reunión con mucha anticipación. Como puede verse por la lectura de este blog, ella es una de mis amigas más cercanas y en mi familia piensan que yo tengo "algo más que una relación de amistad con ella" y yo no tengo ningún problema en dejarlos pensar eso. Lo cierto es que, salvo algunas veces en que nos gana la risa y terminamos en la cama, nuestra relación es básicamente amistosa y tiene poco o nada de ingredientes sexuales. Tuvo hace tiempo pero ya no tien más. Por cierto, a ella le encanta ser considera como la amiga-novia de este servidor para los ojos de mi familia.
La segunda persona que invité fue a El Señor de las Imágenes, a quien mi familia conoce por encuentros casuales en algunos lugares y al que le tienen un aprecio basado casi exclusivamente en lo que yo les he contado de él. De mi familia nadie sabe, por supuesto, que él es mi pareja y por esa razón y por ser la primera vez que él iba a ir a una reunión familiar en pleno, estaba muy nervioso, pensando, tal vez, que nuestra relación "se podría notar". Pues yo creo que no se notó nada en particular porque prácticamente él y yo no cruzamos palabra en toda la tarde-noche, así que yo creo que la cosa pasó de incógnito, aunque él tiene ciertas suspicacias respecto a mi mamá. Yo también las tengo, pero, mientras ella se haga la loca, pues ni modo que sea yo el que me encargue de ventilar estos asuntos.
La siguiente persona que invité fue La Mujer del Bosque, de quien no todos en mi familia saben que es gay o bi. Claro que a ella se le nota un poco porque es medio fuerte, pero en esta ocasión iba muy bien arreglada y se portó bien. Con ella alguna vez nos fuimos a la cama y fue una de las experiencias más raras que he tenido porque yo estaba borracho y por eso fue que me animé. Ella no me gusta absolutamente nada pero ese momento fue muy íntimo y yo estaba muy sensible. Habíamos estado conversando sobre mi vida pasada y yo lloré, lloré un montón mientras le contaba mis antiguas tragedias, justamente porque se me habían pasado las copas y me había puesto sentimental. Sin saber ni cómo, terminamos en mi cama y yo me encargué de hacerle un sexo oral largo y tendido, hasta que alcanzó el orgasmo. Cual sería mi sorpresa cuando ella me confesara después que era la primera vez que tenía un orgasmo con un hombre. Y eso que había tenido varios novios y relaciones estables. Bueno, ella también fue a mi fiesta de cumpleaños. Ella sí sabe cuál es mi relación con El Señor de las Imágenes. Es la única.
La siguente invitada fue una amiga, compañera de la universidad que estuvo fuertemente enamorada de mí durante un tiempo, pero todo fue en vano porque yo nunca le hice caso. Luego de esa larga, larga temporada, nos hicimos amigos muy cercanos y lo hemos seguido siendo desde hace veinte años. Una vez, en su casa, fumamos mota y nos agarró la noche. Decidimos que estábamos muy pasados y yo me quedé allí con ella. Al poco rato que estábamos en su cama, ella intentó meterme mano y yo reaccioné como si hubiera visto un fantasma: me levanté de un salto, le dije que me tenía que ir, tomé mis cosas y salí de ahí despavorido. No quería tener nada de rollo con ella y por eso evité a toda costa caer en provocaciones. Ella se hizo la loca y nunca más comentamos el punto. Ahora ella me cuenta las frustradas historias que tiene para conseguir pareja y yo le cuento algunas de las historias de pareja que yo he tenido. Excepto la de El Señor de las Imágenes. Cuando yo se lo presenté, a ella le llamó bastante la atención y trató de ligárselo, pero él nunca le hizo caso y quedó la cosa en amigos. Debido a que hay muchas otras cosas que contar de ella, de ahora en adelante ella ocupará el nombre de La Ricitos Colorados.
Mis últimos invitados fueron un amigo que conocí por asuntos de mi trabajo y su novia, con la que vive en la ciudad de México. La Mujer del Bosque sabe que este hombre llamó mi atención en el principio de nuestra relación. En realidad todavía lo sigue haciendo y a veces siento que sus mensajes son ambiguos, pero, hasta donde sé y hasta donde él se ha dejado ver, es completamente straight, apasionado de las mujeres, muy sexual, medio infant terrible a ese respecto y no se plantea ni de broma la exploración con otros hombres. Asistió con su novia, la cual me parece una chica hermosa, simpática y muy inteligente. Él será conocido en este chat como El Infant Terrible.
Pues ahí estaban, mi eterna enamorada-supuesta pareja, mi pareja, mi confidente, mi amiga la que quiso propasarse un día de marihuana y mi nueva atracción and his beautiful girlfriend, como en la canción de Alanis Morrissette. Todos ellos en una gran reunión familiar con mi abuela, mi madre, mi hermano, mis tías, tíos, primos, etcétera, todos reunidos por mi cumpleaños.
Feliz cumpleaños a mí.

lunes, 22 de octubre de 2007

De pausas y de viajes

Imagen tomada de: http://www.artoris.es/

Después de casi dos meses de interrupción en este blog, retomo las reflexiones en torno a mi vida, mi persona, mi sexualidad, mi historia y todo aquello que ha ido saliendo en estos meses de intentar este nuevo –y viejo- modo de reflexión. Nuevo, porque ahora se hace de manera distinta, en computadora, conectado a una red, con la posibilidad de ponerlo ahí, para todos los que quieran leerlo. Viejo porque desde siempre he realizado este tipo de ejercicio, en cuadernos, en diarios, incluso con el terapeuta.
Aprovechando que voy volando en un viaje del trabajo, utilizo esta hora –o lo que dure la batería de la computadora- para escribir algunas líneas y reiniciar el ejercicio de pensar en mí, algo que he apreciado mucho desde la primera vez que fui con psicólogo y entendí en qué consistía hacer análisis. Ahora, después de años de no ir a consulta, después de mucho tiempo de haber sido dado de alta, extraño el hábito de ir, pensar en qué voy a hablar y darme cuenta que siempre, siempre, salía algo distinto de lo que tenía planeado. Un poco pasa lo mismo aquí. Empiezo con una idea más o menos preconcebida y termino hablando de otra cosa. Escribir en este blog se ha convertido también en una sorpresa de mí para mí.
En algunas de estas entregas he escrito sobre lo excitante que resulta pensar en encuentros casuales, sobre todo cuando uno está en otro escenario. Hoy es el caso, ya que estaré tres días fuera de la ciudad de México y bueno, uno nunca sabe con quién puede toparse. Lo cierto es que me gusta esta idea de “convocar a la casualidad”. Entrecomillo esa expresión porque no es mía, sino de un autor mexicano que a su vez citaba a otra persona para hablar de la fascinación de los viajes. En fin, uno nunca sabe con quién podría toparse y creo que en esta ocasión estoy mucho más abierto a que ciertas cosas sucedan.
Bien dicen que cuando uno busca una experiencia fuera de la relación de pareja es porque algo anda mal en ese tema. En este caso es cierto, aunque no necesariamente anda mal la cosa. Pongámoslo positivamente, digamos que podría estar mejor, tal vez se podría decir que existen muchas áreas de oportunidad para trabajar en ese rollo. Aunque también vienen a mi cabeza ideas de dejarlo todo y comenzar de nuevo.
Lo que ha pasado en este tiempo es que, no sé si a partir de este blog o de antes, seguramente de antes, he empezado a darme cuenta que la relación que tengo con el Señor de las Imágenes tiene límites, fallas, desencuentros e insatisfacciones. Creo que ésta es la forma más dura en la que he expresado ese sentimiento. Sin embargo, a pesar de todo lo que yo pudiera quejarme, desde hace mucho tiempo no me he animado a salir con alguien más. No sé por qué ha sucedido, aunque creo tener ciertas ideas al respecto. Lo quiero mucho y eso me jode el entusiasmo para salir y conocer otras personas. Todavía no me hago a la idea de terminar la relación que tengo y empezar otra. Sin embargo, siento que el tiempo pasa, que ya van siete años con él, que yo no tengo hijos, que no me he pensado viviendo así como lo estoy haciendo ahora, solo. Por el contrario, siempre me pienso viviendo en una relación de pareja con una mujer, con un niño por lo menos y viendo las caras felices de los miembros de mi familia porque finalmente “pude rehacer mi vida”.
Además de eso está el rollo sexual. Acá he mencionado más de una vez que ese asunto ha tenido momentos de mucho hastío porque siento que a esta relación le falta un poco de imaginación en la parte íntima, que funciona muy bien en otros aspectos, que hay muchísimo cariño y gusto y ganas de estar juntos pero creo que hoy me está costando mucho hacer como que acá no pasa nada, que estoy a gusto haciendo siempre lo mismo, no lo sé. Tal vez solamente me estoy quejando.
He tratado de hacer que las cosas sean distintas en los últimos meses. He buscado hacer más juego previo; he tratado de expresar qué cosas me gustan y qué cosas me disgustan; he cambiado los rituales; he vuelto a ocupar otros espacios de la casa, como la sala, el comedor, el baño, pero pareciera que yo soy el único que está buscando variedad y eso impacta también en mi propio deseo. Lo que uno desea es el deseo del otro, eso me queda claro, pero cuando el otro no tiene tantos problemas en mantener las cosas como están, en repetir siempre la misma faena, en ocupar invariablemente el mismo papel, se siente como una especie de monólogo de búsqueda, que el cambio y la experimentación es solo para mí, porque si dejamos las cosas tal como están, él estará de todos modos contento y satisfecho.
El otro día, después de una discusión que nos separó por más de tres semanas, entre el sacón de onda y las actividades de ambos –viajes y otras cosas- tuvimos relaciones. Cuando terminamos, él me dijo que necesitaba más besos, que sentía la cosa muy impersonal si no nos besábamos en la boca mientras hacíamos el amor. Yo estuve de acuerdo en que habría que besarnos más, pero le dije que no me gustaba cuando él lo hacía muy fuerte, muy violento, porque su barba me irritaba los labios y después me quedaban muy resentidos. Si lo hacíamos delicadamente, sin empujar su cara contra la mía, sin lastimarme, lo haríamos más seguido.
Sin embargo, creo que eso evidenció que yo no estoy mucho en el tema de lo sexual con él. Han seguido los encuentros y me siento un poco desconectado. Incluso, debo confesar, a veces no he tenido nada de ganas de hacer el amor y lo he hecho para que no haya problemas y porque en general a los hombres se nos da fácil ese rollo de coger aunque no tengamos ganas. Un poquito de estimulación y con eso basta. Me ha pasado así en este tiempo y creo que no está bien y también pienso que por eso estoy pensando en tener otras historias.
El vuelo se está terminando y voy a tener que terminar este post. Quiero finalizar diciendo que, haya o no haya aventuras en estos días, en la cabeza me está dando vueltas esta idea de que no estoy completamente satisfecho ahora y que básicamente tengo de dos sopas, arreglo lo que tengo o empiezo a pensar que es momento de partir. La mujer del bosque me dijo hace unos meses “a ti lo que te paso es que quisiste experimentar el rollo con un hombre y te topaste, para tu mala suerte, con el hombre más bueno y maravilloso que pudiste encontrar, que te ama y que hizo que lo amaras mucho, ahora eso es lo que te está pesando para terminar esta relación y empezar otra con una mujer, tal como siempre te he pensado”. Fueron palabras duras que han resonado en mi cabeza desde entonces.
¿Cómo deshacerse de un hombre maravilloso? Tiene sentido terminar lo que funciona o es mejor enfrentar las fallas y buscar soluciones. En el mejor estilo de aquella serie de televisión que tanto nos gusta a los dos ¿Cuándo hay suficientes razones para terminar algo maravilloso?