viernes, 13 de febrero de 2009

Las apariencias engañan


Imagen tomada de: http://www.ieslasmusas.org/departamentos/filosofia/images/espejo.jpg
La Azotada Europea me confesó recientemente dos cositas. La primera, que por primera vez, después de más de diez años de matrimonio, penetró a su marido con un objeto y a él le encantó -a ella también-. La segunda, que muere de ganas de besar a una mujer, porque nunca lo ha hecho. Voy a relatar las dos.
Ella moría de ganas de contarme lo que llamó su "experiencia triple x" con su marido. Por fin pudo hacerlo esta tarde. Resulta que él está más o menos obsesionado con el trasero de su mujer y más específicamente, con el ano de su mujer. Quiere penetrarlo a como dé lugar y a ella, desgraciadamente, no le apetece en lo más mínimo. Bueno, hasta problemas y discusiones han tenido sobre la discrepancia de gustos, a tal grado que él no se explica cómo no le puede gustar si otras mujeres lo aceptan gustosas y hasta se lo han pedido. Claro, él se refiere a aquellas épocas, cuando ellos no se conocían. Pues la cosa es que no hay modo de convencerla, no le gusta, le incomoda muchísimo y por más que él busque excitarla, no puede hacer que ella cambie de opinión.
Recientemente estaban teniendo relaciones cuando él volvió sobre lo mismo y ella, en un momento de excitación y de imaginación sexual, le propuso que, en vez de que él la penetrara a ella por el ano, que fuera ella quien lo penetrara a él. Parece que a su marido le gustó la idea y se dejó hacer.
Gran sorpresa se llevaron los dos porque nunca lo habían experimentado. A él le gustó tanto que, después de un rato, él quiso penetrarla y así lo hizo pero le pidió a ella que le dejara el objeto que tenía insertado en el ano, y así tuvieron relaciones. Ambos quedaron exhaustos, satisfechos, asombrados, enmudecidos y ensimismados. No dijeron nada. Por varios días. Hasta que él decidió tocar el tema de la forma más natural.
A ella le gustó también la experiencia. Le excitó mucho pero no sabe cuándo la repetirán.
La segunda confensión surgió cuando, durante esa misma conversación me pidió que, en el verano próximo, la acompañara a algún lugar de tipo sexual. Creo que sus palabras fueron "un lugar donde se haga de todo". Yo, la verdad, no conozco ningún lugar con esas indescriptibles características, pero quise seguir la conversación y le pregunté a qué tipo de cosas se refería. Me dijo que se le antojaba besar a una mujer, pero que tendría que estar en situación para animarse, pero que ésa era una de sus fantasías largamente acariciadas y ninca satisfechas.
Creo que estas dos confesiones tienen muchas cosas en común. Las veo asociadas a la frase que da nombre a esta entrada. Mi amiga siempre ha tenido la imagen de ser una mujer sexualmente muy liberada, muy activa, muy puesta en lo sexual y muy dispuesta también. Habla de ello con familiaridad, ha tenido muchas parejas sexuales, ha estado casada dos veces, ha vivido con varios hombres, etcétera ¿cómo es posible entonces que, con su marido con quien lleva más de diez años de casada no halla practicado la penetración a él? La verdad, lo encuentro un poco raro, peoro bueno. La segunda cosa, lo de los besos con otra mujer, me parece ahora tan pueril, tan inocente, tan simple de realizar. Claro, lo dice alguien que ha vivido su bisexualidad desde hace más o menos nueve años, pero igual se me hace que, si ha tenido tantas ganas de realizarlo y si, tal como dicen ahora, el rollo lésbico está tan de moda que a los hombres les gusta y a las mujeres no les asombra, pues como que siento que pierde su carga de tabú, de cosa prohibida, de límite último.
Por lo menos, de la primera ella puede darle check a la casilla, eso está bien. Habrá que ayudarla con lo segundo, que a mis ojos resulta simple de satisfacer.
Lo cierto es que la confesión terminó en un autoanálisis de cuán conservadora es sexualmente. A pesar de que le gusten mucho las experiencias fuera del matrimonio o de que sea tan sexualmente abierta e insistente con el tema, siento que mi amiga es, tal como ella lo dijo, más bien pasiva en lo sexual y espera que él haga todo.
Ella viene en verano. Quiere que nos veamos en esa fecha. Poner atención a las cursivas es muy importante en la frase anterior. ¿Será que le tendré que enseñar algunas de esas cosas que se aprenden como a los veinte o a lo más, a los treinta? Ya veremos.

viernes, 23 de enero de 2009

La conexión invisible

Imagen tomada de: http://www.internenes.com/dibujos/la-bella-y-la-bestia/bella-bestia-01/

La Morena de Ojos Grandes es una amiga que tiene unos quince años menos que yo. Estuvo enamorada de mí cuando ella tenía como diecisiete y yo como treintaidós. Estaba convencida de que ella y yo terminaríamos juntos porque sentía una atracción tan grande por mí que era imposible que yo no sintiera lo mismo por ella.
A mí, la verdad, me daba un poco de pudor tener esa admiradora con pretensiones de amante. En esa época, solo de pensar que ella era menor de edad me daba cierto escalofrío, sobre todo cuando me imaginaba que podríamos estar en la cama, yo disfrutando de esa piel de niña. No, eso no es para mí, nunca lo ha sido. A mí lo que siempre me ha venido bien han sido las mujeres de mi edad, de mi generación, de mi rodada pues.
La cosa es que esta niña se convirtió en mujer. En estos días cumplió veintinueve y, en todos estos años, nuestra relación ha pasado por muchas etapas. Después de mucho insistir, ella consiguió que nos fuéramos a la cama. Gran error por ambas partes. Por la mía porque yo no pude con lo que ya pensaba desde antes, que era demasiado chica, demasiado joven, demasiado inexperta para mí y me sentí mal, como fuera de ahí, como pensando ¿qué estás haciendo? No logré desterrar los prejuicios que acortaran la distancia entre ella y yo. Imposible. Para mí, quince años, francamente, eran muchos años, sobre todo en esa época. Ahora pienso que quince años ya no son tantos, pero eso depende de la persona en particular. Por su parte, el error se materializó en la incapacidad de gozar conmigo por querer satisfacerme y demostrarme que ella era una gran mujer, una hembra experimentada, una femme fatale. Ella pensó que, cuando nos fuéramos a la cama lo que haría sería disfrutarme, pero en realidad lo que hizo solamente fue tratar de impresionarme y acabó por no disfrutar nada.
Los intentos sexuales entre ella y yo se repitieron varias veces en estos años. Todos, sin excepción, fueron raros, incompletos, ajenos, frustrantes. Todavía me quedarían otros adjetivos para calificar aquello que fue. Todos negativos.
Hace un par de años, ella conoció a un hombre de otro continente. Se lo presentó una amiga, quien organizó un fin de semana en Acapulco. Esos días bastaron para conocerse, caerse bien, gustarse, irse a la cama, enamorarse y convencerse de que eran el uno para el otro.
La relación continuó por medios electrónicos durante algunos meses. No muchos, seis a lo más, hasta que ella consiguió los medios para ir a vivir con él. Dos meses o tres después de llegar a la tierra de él, se casaron y, hasta ahora, viven "felices para siempre".
No me extraña que lo que cuento haya sucedido. En estos años he conocido varios casos de amigas que conocen hombres que pertenecen a lugares muy lejanos y deciden seguirlos para hacer una vida juntos. El caso más reciente está sucediendo en estos días, con La Ricitos Colorados. Ya lo contaré en otro post.
Lo que aquí quiero comentar es que existe una enorme diferencia física entre ellos dos. Ella es muy muy muy guapa y sus habilidades para sacarse provecho vienen de una capacitación profesional en la materia, es decir, sabe lo que hace y lo sabe a nivel experto. En cambio él, es un hombre gordo, feo, medio calvo, de aspecto poco saludable, muy avejentado, es decir se ve mucho mayor de lo que realmente es. En fin, acá dicen que "rollo mata carita" pero eso creo que va más allá, que se trata de una comunicación muy especial, de un encuentro singular y de una experiencia, por lo menos la de ella, que no radica en la apariencia física, aunque no podría asegurarlo porque, a estas alturas, estoy seguro que ella pensará que su hombre es guapo y se sentirá físicamente atraída por él, por su físico.
Es que, de verdad, uno no se explica. Ella es una persona muy preocupada por su apariencia personal. Es experta en imagen, para acabar pronto. Él, en cambio, no es más que un desastre, y no son celos de mi parte ni nada. Tendrían que ver para creer.
¿Qué sucede entonces en la cabeza de La Morena de Ojos Grandes? ¿Cómo logró conectarse con este hombre cuyo aspecto hace que esa pareja se asemeje a La Bella y la Bestia? ¿Dónde radica esa magia?
Ella me contó que, cuando se conocieron, la conversación fluyó de una forma increíblemente natural. Que empezó a sentirse atraída por él sin poder controlarlo. Que sentía que él verdaderamente la escuchaba. Que todo lo que él le contaba le parecía maravilloso, alucinante, nuevo. Cuando se fueron a la cama, dice ella, la conexión sexual fue increíble, nunca había experimentado el sexo de esa manera, no por lo acrobático, ni por las habilidades sexuales de él, sino porque ella "lo sintió dentro", en su alma, sintió que ellos dos se fundían en uno solo. ¿Pos qué tendrá este compadre? La verdad, no lo sé pero creo que mi amiga encontró en él un secreto, que resolvió un misterio, o tal vez se trate de lo contrario, que se enfrenta todos los días a un misterio irresoluble que la atrae hacia él irremediablemente.
¿Cómo entra un hombre así en la esencia de una mujer? ¿Cómo la penetra de esa forma en la que puede dejar de importar todo lo demás? ¿En qué momento de la vida de una mujer sucede aquello de sentir que ningún parámetro utilizado antes para saberse atraída por los hombres funciona en este caso? Si la pareja es sexo y el sexo es atracción y la atracción es física, es corporal, ¿cómo sucede esto que está sucediendo?
Ojalá que vivan felices por mucho tiempo y que ese misterio no se disipe.

lunes, 19 de enero de 2009

De la red de redes



Imagen tomada de: http://www-news.uchicago.edu/releases/06/images/060807.networks-2.jpg

Recientemente he colocado un montón de fotos y otras informaciones en mi sitio de Facebook. Desgraciadamente no puedo compartirlo aquí porque tiene mi verdadera identidad, así que solamente podré contar un poco de él sin mostrar nada.
Dos cosas me han sucedido en ese entorno. La primera es que me llegó un mensaje de una chica con la cual no tengo mucho contacto pero que, no sé por qué, estoy sintiendo que se hizo presente con ese breve saludo como para que tuviéramos un poco más de comunicación. Sé, por el perfil que puede consultarse, que está soltera, o sea que se separó del chavo con el que se casó. Lo lamento por ella. Por eso creo que anda por ahí buscando compañía. Por lo menos, es mi impresión.
Sería un poco raro que yo intentara aparecerme como para tener rollo con ella. Conoce a mucha gente que yo conozco y no quisiera ningún tipo de problema. No me siento muy atraído por ella y dado que pertenece a un cerrado grupo de amigos y a mí la endogamia no se me da mucho (se me dio, pero de eso hace tiempo que ya no), pos no le veo muchas posibilidades. Mejor otros horizontes ¿no creen?
Por otro lado, hoy tuve una sorpresa. Entre las supuestas recomendaciones de "gente que tal vez conozcas" que ofrece el Facebook apareció alguien que, tarde o temprano iba a asomarse en estos enlaces. El hombre que era novio de Tita cuando ella y yo empezamos a andar. Él era mi amigo más cercano de la universidad y yo la conocí a ella a través de él. Estoy hablando de algo que sucedió hace veinte años. Creo que no he hecho muchas cosas malas en la vida, pero si de algo tengo que arrepentirme, es del daño que le caucé a este chavo cuando "le robé a la novia". Es una larga historia, tal vez un día la cuente, pero es bastante vieja, así que no tengo muchas ganas de volver a ello después de tantos años.
La cosa con esta "aparición", es que algo sentí en mi estómago cuando lo ví. Tal vez fue la simple sorpresa, no lo sé, pero la cosa es que traté de ingresar a su perfil para ver si se podían mirar más fotos y cosas de él. No tuve buena suerte, necesito primero que me acepte como amigo, cosa que, la verdad, no se me antoja.
Cuando vi a éste que será nombrado como La Víctima Universitaria, tuve un cierto sentimiento rarísimo de deseo. Sí, la verdad es que yo siempre me sentí atraído por él y, a pesar de que lo que pasó fue que le volé la novia, siempre sentí como que hubiera estado bien tener un "llegue" con él. También creo que él se daba cuenta de ello, que de alguna manera percibía que yo tenía algunos sentimientos por él. Creo que eso le gustaba y no me hubiera extrañado que, en algún momento, hubiéramos llegado a tener algo más físico.
Luego de que su novia se convirtió en su ex novia y ella pasó a ser la señora de el que esto escribe, nuestra amistad de rompió completamente. Comprensible ¿no les parece? Yo hubiera hecho lo mismo, si no es que peor. Lo cierto que ésa fue una gran pérdida para mi vida. Porque él era una buena persona, alguien que me estimaba y yo lo estimaba a él.
Sin embargo, con el paso del tiempo, pero de verdad muchos años después y muy lentamente, volvimos a tener contacto. Fue a través de amigos comunes que hacían que coincidiéramos en reuniones y fiestas. Muchos años pasaron para que finalmente nos saludáramos con un poco más de calma y termináramos alejados de los demás y platicando. Nunca cosas importantes, pero platicando los dos solos y yo sentía que había buena vibra entre los dos, que de no haber sido por lo que sucedió entre nosotros, hubiéramos sido amigos muy cercanos, muy queridos, que a pesar de todo, había una atracción amistosa que perduraba. Somos dos personas completamente diferentes pero creo que podríamos haber tenido una hermosa amistad.
He sabido algunas cosas de él. Nunca falta el conocido que te cuenta algo. También me lo he encontrado muchas veces de manera casual en la calle, no siempre en los mejores momentos emocionalmente hablando. De hecho, escribí hace tiempo un texto sobre un encuentro casual con él en un mal momento para mí. Dice que fue colgado en agosto de 2004, pero creo que lo escribí antes. Lo pongo acá, solamente para recordarlo:


Crimen, con su respectivo castigo

De vez en cuando la vida te recuerda que Dios castiga, pero no a palos, y lo peor de todo es que la factura te la cobra más pronto de lo que parece.
Hoy me había levantado de muy poco ánimo para ir a trabajar. No dormí bien anoche y cuando sentí que estaba conciliando el sueño, sonó el despertador. Clásico. Me levanté a regañadientes y pensando si realmente quería ir a trabajar o no. Finalmente me convencí de que, aunque me diera mucha flojera tenía que ir.
Justamente hoy también, y en el marco de esa flojera y desánimo que la ducha no me ayudó a quitar, me vestí con una extraña combinación de ropa. Se me veía mal, pero yo no soy de los que se prueban una y otra vez las cosas hasta que encuentran lo que les conviene para el día. Siempre he pensado que eso “es cuestión de viejas”, y si le toca a uno la mala suerte de sacar del clóset algo que no le quedaba hoy o simplemente que ya se le ve mal, pues ni modo, otro día será mejor. Me fui a trabajar así, sabiendo que me sentía mal y que además, me veía mal, por lo menos a mis ojos.
A pesar de todo fue un día raramente productivo. Estuve todo el tiempo sentado en mi escritorio pero desde ahí pude coordinar un montón de cosas y prácticamente no tuve problemas para conseguir lo que necesitaba. El día ayudó, sin embargo, mi sensación de malestar interno permaneció.
A las tres de la tarde ya estaba harto de la oficina y, como lo había estado maquinando durante toda la mañana, en vez de ir a comer a esa hora, me fui a meter al cine a ver una película que tenía muchas ganas de ver. Creo que, en el fondo, el asunto no era en realidad un ataque de cinefília compulsiva, sino más bien la idea de combinarlo todo. Me sentía mal, me veía mal, entonces ¿por qué no también portarme mal? Entré a las tres de la tarde a una sala de cine que tenía tres o cuatro personas nada más. Seguramente otros tránsfugas de los deberes, pensé en ese instante, para exculparme en aquello conocido como “mal de muchos”, y también por lo que podía ver de culpabilidad en la gente que estaba en la sala.
La película resultó excelente y salí de allí convencido de que había valido la pena “irse de pinta” un rato. De todos modos, debo aceptar que me sentía conciente de que lo que había hecho era una pequeña irresponsabilidad, que me podía traer serios problemas si alguien del trabajo me llamaba y no me encontraba en la oficina.
Como no había comido, decidí ir a la cafetería que está justo saliendo de la sala del cine. Algo rápido, pensé antes de entrar, y luego salir volando de regreso a donde realmente tenía que estar, que era organizando una conferencia de prensa.
¿Cuántas personas? —me preguntó la chica que la hacía de hostess.
Una sola, yo nada más —le contesté, un poco impaciente por la tonta duda de la amable señorita que no veía la clara realidad de que iba perfectamente solo.
Y entonces sucedió: cuando yo entraba para colocarme en la mesa que me habían asignado apareció, de entre la gente, aquel amigo, que luego se convirtió en ex amigo y luego se convirtió en sombra del pasado, de los fantasmas que cobran las facturas morales. Allí estaba él, frente a mí, saludándome por sorpresa y sin dejarme ir. Allí estaba él, con su sonrisa amable, para recordarme, sin decir una sola palabra por supuesto, simplemente con su saludo afectuoso, que yo alguna vez le quité a su novia y con eso le partí el corazón, y también partí el mío, por decir lo menos. Y allí estaba yo, sintiéndome mal por dentro desde la mañana, viéndome mal por fuera gracias ese aspecto de licenciado trastupijes que ese día me cargaba y ahora poniendo cara de culpable justo en el momento de la pregunta ¿y qué haces por aquí?
Ante la sorpresa, el ingenio se me petrificó, traté de buscar una solución rápida para responder lo más airosamente posible pero no apareció nada. Ni siquiera se me ocurrió mentir; y entonces, casi sin quererlo, sintiendo que no tenía otra posibilidad, me aventé hacia el vacío de la ignominia sin que ya nada me importara.
Pues nada, vine al cine, a ver una película —cuando solté la última palabra ya estaba insultándome a mí mismo con todas las fuerzas.
—¡¿Una película a esta hora?! —esa era justo la reacción que quería evitar, pero ya estaba ahí, en mi cara y saliendo de la boca de aquella sombra materializada en ex amigo y por quien, de alguna manera, después de todo lo que sucedió entre nosotros, siempre mantuve una mezcla de vergüenza, desilusión, afecto, competencia, nostalgia por los buenos momentos y culpa, mucha culpa.
Se despidió de mí luego de un silencio largo entre los dos, en el que no encontré nada más que decir excepto “pues sí”, como avergonzada respuesta a su asombrada interrogante.
No nos dimos los nuevos teléfonos ni nada. Ni siquiera nos despedimos deseándonos suerte o prometiéndonos llamadas telefónicas que nunca sucederían. Fue un encuentro que el azar tejió con mis ganas de portarme mal y su horario de comida.
Me quedé en la mesa esperando la sopa que había pedido. Tratando establecer el control de los daños a mi vergüenza recién vapuleada por mi captura in fragantti en mi acto de irresponsabilidad burocrática. Quise a las tres de la tarde escapar de mi malestar de todo el día y me encontré efectivamente con una solución: un malestar aún mucho mayor. Una pequeña vuelta en esa esquina del presente en la que me topé con mi pasado y con la estela que aquello fue dejando, solo para recordarme que, cuando te encuentras más convencido de que eso ya no puede alcanzarte, te lanza un zarpazo que estremece todas tus inseguridades... y tus seguridades también.

martes, 30 de diciembre de 2008

Retrospectiva

Imagen tomada de: http://static.bethsoft.com/blog/countdown.jpg

El año que se va y en el recuento de la parte de la vida que se relaciona con este blog hubo un poco de todo, pero, tengo que aceptarlo, me parece que menos sexo que en otros años.
A principios de 2008 retomé contacto con Audrey y eso nos llevó, después de unos meses de hacernos "los que aquí no pasa nada", a unos cuantos encuentros sexuales que terminaron tan pronto llegaron, cuando ella empezó a exigir lo que nunca conseguirá, que me empareje con ella de manera formal para armar una familia como Dios manda. Lo lamento.
Además de este encuentro/desencuentro con Audrey, algo que marcó en este año la relación entre ella y yo fue que ella estuvo en tratamientos para quedar embarazada, de los cuales, según tengo información, no obtuvo nada más que una gran cuenta de gastos y mucho cansancio emocional. La verdad es que eso es muy triste por ella porque moría de ganas de tener un hijo y parece que, eso no será posible.
Me tocó ser partícipe, aunque en poca medida en el tratamiento para la infertilidad al que se sometió. Estuve presente en esos momentos en que la prepararon para la inseminación y luego los días de reposo absoluto para que el cigoto se fijara. Me tocó también llevarle de comer y dormir con ella cuando no se podía mover.
También me tocó que, en su desesperación, supongo, me pidió -nuevamente- que tuviéramos relaciones sin condón. En esta ocasión y conciente de lo que ella estaba haciendo, ni de broma tuve sexo con ella sin condón. Ese estire y afloja también fue causante de que termináramos por alejarnos. Fue muy paradójico el escenario: ella tratando de embarazarse por inseminación in vitro y otros métodos y yo tratando de no crear un embarazo no deseado usando condón en cuanto contacto sexual tuvimos. Cada loco con su tema. Sin embargo, no deja de tener algo de cruel esta sensación de que cada quien está en lo suyo y las metas no se construyen en pareja. Al menos no en esta pareja. Creo que en realidad es la muestra de que, de pareja, nosotros no teníamos nada.
Adicionalmente a eso, ambos hicimos lo que siempre hacemos cuando nos juntamos. Tenemos bonitas conversaciones, nos empezamos a sentir atraídos, nos animamos a tener sexo, el sexo se vuelve fabuloso, estamos unos meses como si fuera luna de miel y despúes ella empieza a exigir cosas que, si no las exigiera, yo se las daría con mucho gusto. Pero no es hábil y la cosa termina.
En tanto, la relación con El Señor de las Imágenes atravezó momentos difíciles porque, después de ocho años, hay que ponerle imaginación al asunto para que se vuelva atractivo, de lo contrario se cae en una monotonía mortal. Algo así nos pasó y yo traté de levantar el asunto pero ha sido difícil. Yo quiero un mejor sexo, más entretenido, más variado. Él quiere el sexo como de costumbre y pareciera que no le causa ruido esta monotonía nuestra. Mal, muy mal. La tarea para el próximo año es ver de qué manera esto cambia porque, en otros ámbitos, como nuestra amistad y nuestro compañerismo, creo que la relación está en un momento hermoso, de mucha generosidad, de mucha camaradería, de mucho acompañamiento. Es difícil para mí pensar en separarme de El Señor de las Imágenes, pero también es cierto que no quiero que mi vida sexual sea tan pobre como ha sido en este año. Creo que hay más para mí y quiero ir por ello.
La Flaca desapareció del mapa. Me parece que fue en este año que tuvimos una cogida marca diablo, que nos hizo tener sexo hasta las seis de la mañana, en el punto máximo de agotamiento. Eso marcó el final -creo que definitivo-de nuestros encuentros sexuales. Después de ahí no hemos vuelto a tener el más mínimo roce ni nada. En gran medida, obviamente, es porque yo no quiero que nada suceda. Ella, la verdad, no sé qué quiere. Dice que ya tiene claro que nada de nada conmigo y que sentimentalmente lo tiene todo controlado, pero todos vemos una cosa muy distinta. La cosa es que ya nomás somos cuates, pura amistad limpia y pura. A ver si le seguimos así en 2009 porque ya no quiero tener sexo con quien no se me antoja en lo más mínimo.
Finalmente, Leo, el amigo telefónico me ha mencionado varias veces en nuestros esporádicos encuentros de phonesex que me ama. ¡¿No manches?! ¿Cómo que me amas si lo único que hacemos es escucharnos la voz, excitarnos hasta llegar al orgasmo y colgar cuanto antes? Bueno, hablando de miserias sexuales, creo que este par de soledades que socializan están empezando a confundirse. Lo digo en plural porque a mí se me ha antojado dar el paso de conocerlo y, al mismo tiempo, siento que no quiero tener sexo con ningún otro hombre, que lo que se me antoja es tener sexo con una mujer. Creo, de cualquier manera, que en 2009 Leo y yo daremos el gran paso de ponernos frente a frente y finalmente conocernos en persona. Qué raro será verle la cara a quien conozco solamente por la voz y con quien he realizado todo tipo de aventuras sexuales. Bueno, tampoco todo tipo de aventuras, porque éste compadre también es bastante repetitivo. Parece que lo que hace falta en este entorno mío es imaginación y creatividad para hacer del sexo algo lindo, ingenioso, atractivo, cachondo y todas aquellas cosas que esperamos que sea el sexo.
El año 2009 tiene que pintar diferente, sé que así será.
El último eje de mi 2008 fue el planteamiento de la paternidad. Cada vez más me está preocupando ese tema. No sé qué va a pasar a ese respecto, pero siento que es una constante que no me deja tranquilo. Este año cumplí 44 y, aunque dicen que un hombre puede tener un hijo cuando lo desee, no es tan cierto o por lo menos no comulgo mucho con eso porque considero que un hijo es una inversión al muy largo plazo y no quisiera ser un viejo decrépito con un hijo adolescente. El temor a la vejez está a la base de esta preocupación. Un año más que vino y se fue. Un año más que viene y se irá. Ya nos estaremos encontrando por acá.
En tanto, les deseo muchas felicidades a todos aquellos que alguna vez hayan pasado por acá y se hayan tomado la molestia de leer este blog íntimo, el de un hombre que tiene más preguntas que respuestas a la vida que le ha tocado vivir.
Feliz 2009 para todos.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Blink

Imagen tomada de: http://www.madetosucceed.com/books/1598200879.htm

Estoy leyendo un libro del cual varios amigos me habían comentado. Se llama Blink. Inteligencia intuitiva, escrito por Malcolm Gladwell y publicado por Punto de lectura, 2007. Apenas lo estoy empezando pero está muy interesante. Habla de esos dos primeros segundos cuando nos topamos con algo desconocido -una situación, una cosa, una persona- y tenemos una reacción intuitiva, espontánea e incontrolable como respuesta. Esa respuesta puede ser positiva o negativa pero es totalmente inconciente y en innumerables ocasiones resulta ser una reacción acertada, pero que no podemos explicar. Es un libro que se trata de estas "corazonadas" o sentimientos difíciles de definir pero que son el resultado de nuestra reacción involuntaria ante algo.
En el segundo capítulo, titulado "La puerta cerrada: vida secreta de las decisiones instantáneas", el autor relata algunos experimientos hechos con hombres y mujeres que quieren encontrar parejas y que participan en "citas express", es decir, encuentros con personas del sexo opuesto que tienen una duración de seis minutos. En ese tiempo -y en la mayoría de los casos, mucho antes- una persona puede darse una idea y reconocer si se siente atraído por aquel que tiene en frente. Basta con un par de minutos, un tiempo muy corto, para tener una opinión y una reacción sobre quien está sentado al otro lado de la mesa.
Pero entre las cosas que dice este autor, está algo que me hizo pensar en escribir este post. Dice que, según estudios, cuando se le pregunta a una persona sobre el tipo ideal de pareja que le haría sentirse atraído, esta persona describirá un prototipo de persona que, en la práctica, es muy distinto de aquel que verdaderamente le causa atracción. En el ejemplo que él describe, una mujer definió su prototipo como intelingente y sincero, cuando en realidad las personas que más le llamaron la atención caían en la descripción atractivo y simpático. Si a esa persona se le pregunta, al final de la sesión lo mismo que al principio, es decir qué es lo que más le atrae de una persona, ella responderá que sea atractiva y simpática, pero solamente al día siguiente o en un periodo corto, ya que si se le vuelve a preguntar un mes más tarde, volverá a decir que busca inteligencia y sinceridad. ¿Raro no?
Bien, esto me llevó a pensar en torno a cuál es mi prototipo de pareja y cuál es la que en verdad me atrae y que, según este autor, suelen ser distintos modelos. Esto está casi como el chiste de la diferencia entre la teoría y la práctica.
Lo que yo creo que me atrae son las personas inteligentes, que tienen humor ácido, que son dignas de admiración por alguna razón, que son independientes y que tienen estilo, que tienen onda, pa' que me entiendan.
Sin embargo, con los años de terapia que llevé y observando mis relaciones de pareja de los últimos años, creo que no es exactamente eso que dije en el párrafo anterior lo que termina enganchándome con alguien. Quizá es más acertado decir que me siento atraído por personas simpáticas, que tienen apariencia de ser buenas, que de algún modo están desvalidas y yo puedo ayudarlas, que necesitan algo de mí, con las que puedo hacer una relación en la que yo tengo algo de poder extra -es decir, con quien puedo establecer una relación asimétrica, ya sea porque tengo un carácter más fuerte o bien porque con ella me siento atraído pero no como para dejarlo todo, o sea que de algún modo no son indispensables.
Tal vez estoy siendo demasiado duro conmigo mismo, pero lo que quiero resaltar aquí es esta diferencia entre lo que uno se imagina que es y lo que es en realidad. También me parece que, tal como se lo escuché muchas veces a un psiquiatra con el que trabajé un tiempo, las personas se atraen por sus debilidades, más que por sus fortalezas o, en otras palabras, "siempre hay un roto para un descocido", tal como decía mi abuelita, que era una sabia. Uno piensa que son solamente las características positivas de los sujertos las que serán de atracción, cuando muchas veces son aquellos rasgos negativos los que enganchan con nuestra historia, con la manera en que aprendimos a querer, a sentirnos cómodos con los demás y eso es lo que termina atrayéndonos. Más allá de todos esos valores abstractos y socialmente aceptados, políticamente correctos respecto a las parejas, ubicados en el terreno de juego, las cosas se vuelven más oscuras y retorcidas.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Haciendo cuentas


Imagen tomada de: http://cuervo.obolog.com

Haciendo cuentas, hace un montón de tiempo que no tengo relaciones sexuales con mujeres. La última vez, según recuerdo, fue con La Flaca, una noche que nos la pasamos despiertos hasta casi hasta el amanecer. Follamos de lo lindo, una y otra vez, hasta que yo estaba seco y ella irritada.
Esa noche, según recuerdo, se rompió el condón en uno de los coitos. Ya no me acuerdo si conté eso acá en un post anterior. Yo sentí perfectamente cuando sucedió el percance y saqué mi pene inmediatamente. Me preocupó que hubiera algún riesgo de embarazo por el líquido pre eyaculatorio y le pedí a ella que, en la semana, se tomara una pastilla anticonceptiva de emergencia para evitar cualquier riesgo.
Ella accedió a hacerlo y no solamente eso, sino que nos juntamos un día para comer y delante de mí se tomó la píldora, como para que yo estuviera tranquilo de que, por su parte, no había ninguna intención de hacerme papá sin mi consentimiento.
Debo confesar que yo tuve sentimientos encontrados al respecto. Por una parte, la principal, estaba tranquilo de que ella no hubiera hecho ningún problema con el asunto de la anticoncepción. Yo fui el que se lo propuso y fue lo primero que se me vino a la cabeza cuando el condón se rompió. Sin embargo, ese tema me parece que podía ser especialmente delicado para La Flaca, por dos cosas fundamentales: la primera es que ella está (o estaba, ya no sé) enamorada de mí y creo que en ese momento que tuvimos sexo todavía lo estaba, por lo que quedar embarazada de mí no le hubiera disgustado, creo; en segundo lugar, porque ella tiene ya 42 años y quizá esté en el último momento de su vida para embarazarse, por lo que tomar una pastilla anticonceptiva de emergencia podría estar, inconcientemente, en contra de sus propios deseos de ser mamá. No lo sé, no le pregunté. Como todas las cosas estremecedoras en la vida, no dijimos mucho, comunicamos solamente lo indispensable y, en aras de favorecer nuestra relación de amistad, dejamos lo demás para el analista, para la reflexión solitaria o, en mi caso, para contárselo únicamente a La Mujer del Bosque y escribirlo en este blog, claro.
Creo que, en el fondo, algo doloroso quedó en cada uno de nosotros. Algo que no dijimos, que no comentamos. Algo que me suena a que yo estaba explícita y afirmativamente insistiendo en que no podíamos correr el riesgo de un embarazo "no deseado". Lo escribo entre comillas porque ¿no deseado por quién? ¿por mí solamente? ¿por ella también? Qué locura, ni siquiera había un embarazo y yo estoy escribiendo aquí casi casi como si la hubiera obligado a abortar. No fue el caso. No tuvo ningún problema y la vida continuó como hasta ese momento.
También era una forma de aniquilar una posibilidad de ser padre. No, en realidad no me hubiera gustado estar en esa situación. Primero, porque no me atrae para nada la idea de tener un hijo con La Flaca, segundo porque me da escalofrío pensar qué podía pasar en la relación con El Señor de las Imágenes. Seguramente lo nuestro hubiera terminado y de una manera en la que yo me hubiera sentido culpable de todo.
Pero esa posibilidad de embarazo también me llevó a cuestionarme la relación con "mesié" como le dice La Mujer del Bosque. ¿Cuánto más vamos a estar juntos? ¿Seré padre algún día? ¿Qué pasa si lo nuestro continúa indefinidamente? ¿Seré capaz de vivir sin hijos y sin familia para siempre? ¿Qué demonios es exactamente lo que quiero para el futuro?
Después de esa noche. La Flaca y yo no volvimos a tener nunca más relaciones sexuales. Hace ya tiempo de eso, no recuerdo cuánto, quizá un año, tal vez un poco menos. Lo cierto es que yo cancelé cualquier posibilidad de seguir en esa ambigua y tóxica relación que hemos tenido, en la que hacemos el amor cuando yo no tengo otra cosa mejor que hacer, cuando estoy medio borracho, cuando alguna otra sustancia hace que todo me importe un bledo, incluso yo mismo. Esa, según creo, fue la última vez que yo hice el amor con una mujer... y ahora lo extraño muchísimo, no estar con La Flaca, eso no, sino sentir a mi lado el cuerpo de una mujer y vivir esa cosa deliciosa que es sentirse hombre junto a una mujer. Ya me toca.

martes, 21 de octubre de 2008

El transporte público, muchos años después


Hace unos días me subí al metro de esta ciudad. Hacía tiempo que no lo hacía. También hacía tiempo que no me subía a otros transportes públicos porque, afortunadamente, mi trabajo está muy cerca de mi casa así que voy y vengo en automóvil.
La cosa es que, cerca de las ocho de la mañana de un día de semana, yo trataba de treparme al tren ligero y, oh sorpresa, venía a reventar. De plano mejor dejé pasar ese tren y decidí esperar el que sigue con la esperanza de que viniera más desocupado. Vanas esperanzas. El siguiente tren venía tanto o más ocupado que el primero y no me quedó otra opción que decidirme a subir a la fuerza, aunque fuera como en una lata de sardinas.
Más que eso. Las puertas no cerraban porque yo no terminaba de entrar en el vagón. Desde afuera sentí cómo alguien me empujaba por la espalda para que yo avanzara unos cuantos milímetros hacia el interior y que las puertas automáticas pudieran finalmente encontrarse. Luego de varios intentos, las puertas cerraron y el tren partió. En ese esfuerzo por entrar "a como diera lugar" en el vagón, de pronto sentí un crack y pensé que habían sido mis lentes para leer los que habían sonado así, pero en ese momento no podía saberlo ni averiguarlo porque estaba completamente inmóvil y casi sin poder poner los pies en el suelo.
En esa situación me encontraba cuando, delante de mí, un chico de unos 18 o 20 años trataba de acomodar algo en la mochila que llevaba a la espalda. Por lo menos eso fue lo que entendí que trataba de hacer cuando una mano se movía y me rozaba el cierre del pantalón. Sentía que su mano insistía mucho en moverse pero me pareció que era parte del trabajo que daba hacer cualquier movimiento en ese apretujamiento digno de Cuando el destino nos alcance.
La cosa es que el chico se demoraba mucho en dejar su mano quieta y realmente quería cerrar algún bolsillo de su mochila o qué era lo que no terminaba de hacer. Después de un tiempo que me pareció prudente, empecé a pensar que no se trataba de lo que yo pensaba, sino que, de plano, estaba aprovechando la situación para sobarme por encima del pantalón, aprovechando que nadie podía ver nada. Primero no supe bien qué hacer, porque no estaba seguro de lo que estaba pasando, pero cuando de plano sentí que entusiasmado por mi pasividad, lo siguiente iba a ser intentar bajarme el cierre, ahí sí le puse un alto y traté de girarme sobre mi propio eje un poco para alejarme de su mano.
Parece que sí estaba yo en lo correcto cuando pensé que el chico estaba divirtiéndose aprovechando los apretujones porque luego de mi movimiento su mano finalmente encontró el modo de acomodarse y no insistió más. Luego sacó la mano y todo quedó en paz, hasta que, pocas estaciones más adelante, él salió por la puerta de enfrente y yo no me fijé bien cuándo salió. Nunca le vi la cara.
Al llegar a la estación terminal, me bajé del tren y entré a la estación del metro. Venía pensando en lo que había sucedido en el transporte anterior y seguía con dudas de lo correcto de mi interpretación.
Pasó todo el día y yo tuve que tomar los mismos transportes de regreso a mi casa. Primero el metro y luego el tren ligero. Ya me habían comentado que las cosas habían cambiado mucho en el metro de esta ciudad. Que era cada vez más frencuente que jóvenes parejas del mismo sexo caminaran por los andenes de la mano, abrazados o de plano se besaban sin importarles mucho la mirada de la demás gente. Yo no lo había visto y justamente me tocó ese día por la noche.
Vi a una pareja de chicos que de plano se dieron un beso en la boca y vi otra pareja de hombres, un poco mayores, muy evidentemente gays y muy evidentemente pareja.
Pero eso no fue todo. Cuando me tocó transbordar y pararme a esperar que llegara el siguiente tren, me di cuenta que, frente a mí, al otro lado de las vías estaba parado un tipo que me miraba fíjamente. Lo miré primero con una ojeada fugaz y justo en ese momento se tocó el pene muy discretamente, como si se acomodara el pantalón, nada demasiado evidente. Sin embargo, cuando levanté la vista y lo miré a los ojos, de plano me sonrió y me lanzó un beso. Yo en realidad no podía creerlo porque me parecía demasiado. ¿Cómo que te estén ligando así? Miré para otra parte en lo que terminaba de "caerme el veinte" y me atreví a mirarlo de nuevo. Él volvió a hacer lo mismo, se tocó el pantalón y después me volvió a lanzar un beso.
En ese momento llegó mi tren y yo, antes de que subirme, me toqué el pantalón como si me agarrara los testículos, muy discretamente y solamente por divertirme. Yo no estaba ligando ni mucho menos y no me interesaba el tipo, pero me pareció divertido e inofensivo ya que yo iba en dirección contraria a él en ese momento iba a desaparecer de esa estación.
Entonces, entre el toqueteo matutino, los besos y las parejas que vi de regreso y este otro tipo que de plano me estaba ligando, me di cuenta que las cosas han cambiado muchísimo en esta ciudad, que lo que antes era impensable, ahora se está volviendo de lo más común.
No sé si esté bien o mal. Definitivamente creo que si la homosexualidad se normaliza cada vez más, es mejor para todos, sin embargo el rollo de que te tiren la onda así se me hace "un poco demasiado", como que eso ya de plano es una agresión. Quizá otro en mi lugar hubiera terminado golpeando a alguno de estos tipos que mencioné.
Esa fue entonces mi aventura erótica del transporte público de hoy.

lunes, 20 de octubre de 2008

Soundtrack

Éste es el soundtrack para la tristeza de hoy.

Mal

Imagen tomada de: http://www.ojodigital.com/foro/paisajes/76305-un-arbol-solitario.html

Cuánto tiempo sin visitar este blog. Más de tres meses, pero parece una eternidad. En el transcurso, he acumulado experiencias, reflexiones y ganas de volver a escribir sobre lo que pasa por mi cabeza, por mi corazón y por algunos otros lados también.
¿Por qué estoy volviendo a este blog? Muy seguramente por mi estado de ánimo, que no es el mejor últimamente y siempre el estado pensativo, reflexivo, triste me hace volver a escribir para tratar de, de a poco, sacar algunos sentimientos que traigo atorados.
¿Razón por la que hoy estoy triste? Ando en crisis con El Señor de las Imágenes. Un desencuentro en nuestra conversación, dos puntos de vista sobre la misma cosa, más una enorme incapacidad de verbalizar los sentimientos han dado como resultado que no nos dirijamos la palabra en una semana. Y lo peor de todo es que ni siquiera tuvimos una bronca entre nosotros. Así de frágil es el asunto. No daré más detalles porque me parece innecesario en este blog que no es en sentido estricto un "Querido Diario", sino un lugar para hablar, un punto de llegada para dejar partir las emociones sobre la sexualidad y el erotismo.
La cosa es que estamos mal y de malas y no sé qué seguirá en todo esto. No habernos hablado en estos días me ha hecho pensar mucho en qué más quiero seguir haciendo con él. También me ha hecho sentir lo atado que estoy, emocionalmente hablando, a una relación que ya cumple ocho años. También me ha provocado deseos casi irrefrenables de irme a la cama con otra persona, sea hombre o mujer y también, tristemente, he pensado la posibilidad de que la relación termine y quedemos, si bien nos va, como cuates que se verán cada tanto, para contarse las grandes generalidades y haciendo un esfuerzo por buscar puntos de coincidencia como cuates cuando nosotros nunca fuimos cuates.
No sé qué va a pasar. Tal vez mañana nos llamemos por teléfono y, después de una discusión, todo se arregle. Tal vez sigamos en las mismas por un rato, pero estoy seguro que seré yo quien quiera terminar esta situación. Tal vez él se manifieste, tal vez no. Tal vez uno de los dos termine diciendo que ya no quiere más y será ahí cuando de verdad sienta que la oscuridad se apodera de mí de nuevo.
Estoy muy triste. Lo he estado toda la semana pasada. Este sábado quise evitar las penas visitando a mi familia y el domingo saliendo todo el día para no estar solo en casa. No sé qué más hacer. Ya llamé, ya busqué, pero no hay respuesta.
En fin, insisto, este blog no es para detallar los avatares de mi vida día con día, sino para hablar de otras cosas, pero hoy no pude evitar hacer una excepción en la regla.

viernes, 11 de julio de 2008

El llanto de la mariposa

Imagen tomada de: http://www.egrupos.net/viewPhoto/376912/314

Acabo de ver una película que me dejó con una sensación de introspección muy grande, se llama El llanto de la mariposa (Le scaphandre et le papillon), una película francesa/norteamericana de 2007 dirigida por Julian Schnabel con Mathieu Amalric, Emmanuelle Seigner, Anne Consigny, Emma DeCaunes.
La cinta aborda la vida del periodista Jean-Dominique Bauby, quien sufre una embolia que lo deja completamente paralítico de los pies a la cabeza y su única forma de comunicación es el ojo izquierdo pues a través de parpadeos puede decir sí o no a lo que le pregunten.
Postrado en un hospital, a merced de las atenciones médicas y de la buena voluntad de sus familiares y amigos, el periodista pasa el resto de sus días reflexionando sobre su existencia y sobre la condición humana.
Me encantó la película porque, a pesar de ser una historia tremendamente dramática no es lacrimógena en absoluto, no busca la emotividad de los espectadores por el lado fácil sino que apela a la inteligencia, a la profundidad del pensamiento y también al sarcasmo para contar sobre su mundo.
Pensé en comentarla en este blog porque me dejó con un impulso de escribir sobre lo que pienso, lo que siento y lo que soy. Por eso, apenas llegué, abrí la computadora y visité este querido blog, donde cada tanto, expreso ideas sobre mi yo interior.